El primer sol se derrama
a través de la rendija del ensueño
escucha distraído y taciturno
al aullido de la calle gimiente
el recuerdo de la noche temerosa
que no encontró refugio
en la puerta de algún templo
ni en la orilla de una falda.
La tienda de los sueños abre su puerta
y más allá, entre oficinas
se ofrecen los ideales como trueque
la justicia es empeñada nuevamente.
Pero, quizá exista aún
jugando en el rincón de un parque
una idea nueva, pequeña
con los ojos llenos de la primavera
que al cerrar el día se despide alegre de la luna
y salva su inocencia, cuando menos, un día más.
abril de 2010
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