de paredes pálidas ante ti
una vez más.
Ruidos secos
de máquinas de escribir a lo lejos.
Risas, enfermeras
pasos presurosos
te alejan un instante
de tu tormentosa realidad.
¿Qué te trajo aquí?
¿Dios, la vida?
Que importa ya
esta fría madrugada
del cruel verdugo
en que tristeza y esperanza
comparten habitación.
Afuera, la ciudad.
De casas oscuras y calles semidesiertas
ajena al drama de esta morada de dolor
duerme.
febrero de 2009
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