sábado, 3 de noviembre de 2018

Acerca de la austeridad




Andrés Manuel López Obrador es austero en lo personal y ha convertido en una práctica y en un lema recurrente la austeridad republicana para su gobierno. ¿Hasta dónde debería expandirse la misma?, ¿existen límites en esto? Para empezar, ¿qué es austero y qué no lo es? En otras palabras, ¿cómo determinar cuáles son los lugares, hoteles, restaurantes, marcas y demás que están “prohibidas” para AMLO y quienes le rodean (¿y hasta qué grado?) en los ámbitos político y familiar?
A primera vista es muy fácil, pero en realidad no lo es tanto. Con el término “fifí”, muy usado por AMLO, se hace referencia a algo lujoso, excesivo, ostentoso. Alguien puede considerar que ciertas tiendas departamentales son ostentosas, otros no. Estos pueden considerar ostentoso ir a comprar ropa en Nueva York y otros no, pero sí comprar ropa en Milán o París, y así sucesivamente. ¿Quién determina los límites del lujo y de la austeridad? AMLO es austero porque esa es su forma de ser, así se conduce, pero lo relevante no es que sea austero, sino la práctica de la honestidad. ¿La austeridad puede medirse porque todo aquél con cercanía a él tiene implícitamente prohibido acceder a establecimientos considerados de cinco (¿o cuatro?) estrellas hacia arriba, o desde cuántas podrían considerarse austeros?
Imaginemos el hipotético y extremo caso de que fuera este un código de conducta obligatorio para todo cercano a él incluso en lo referente a gastos personales, ¿no constituiría una violación a la libertad más elemental de cualquier persona? Creo que tal vez la disonancia proviene de colocar el énfasis en el precio del producto o servicio referido en lugar de en los medios con los cuales se consiguió. Entiendo que él ha hecho un lema prácticamente de esto, derivado de la ostentación que ha prevalecido en gobiernos anteriores, mientras el pueblo de México prácticamente se moría de hambre. Gobiernos plagados de corrupción en donde ni por error o en contadas ocasiones dichas sumas eran pagadas con dinero producto de un esfuerzo honesto, sino desviado de construcción de escuelas, hospitales, infraestructura pública, en fin, servicios para la gente. Ahí radica la clave.
¿Qué pasaría si en un hipotético caso alguien desviara recursos públicos y los utilizara para efectos personales en servicios que fueran no de lujo, sino de precio promedio? A fin de cuentas el desvío sería lo reprobable, ¿no? La transparencia en el uso de recursos debe ser la norma y sancionarse de no ser así, pero, ¿debería alguien que trabaje cerca de él sentirse culpable o ser reprobado por consumir, digamos, langostinos en algún sitio, o por comprar una prenda de marca reconocida, si son pagados con el fruto de un trabajo honesto?, ¿cuáles son los platillos, marcas, lugares, a los que ni por error debe acceder?
AMLO es austero en lo personal y dijo que su gobierno lo sería para aprovechar los recursos públicos en la mayor medida posible en beneficio de la población. Al referirse a las personas que lo circundan en lo personal y en lo laboral, ¿en dónde se encuentran las fronteras?  

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